Feminismo y Patriarcado: el primero existe en forma de una niña y el segundo es el monstruo ficticio que la acecha

El feminismo es un conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales que tiene como objetivo la búsqueda de la “igualdad de derechos” entre hombres y mujeres, y eliminar la dominación y violencia de los varones sobre las mujeres y de los roles sociales según el género, además de una teoría social y política. Aunque es una definición idónea para los Zurdos, lo cierto es que no es así, el Feminismo Actual (Para ser mas exacto, desde 1970) es totalmente Autoritario e inútil, daré mis siguientes razones del porque:

La batalla de estas feministas nada tiene que ver con buscar igualdad. ¿Qué son las leyes de cuotas sino un privilegio que se les da a las mujeres por el solo hecho de serlo? ¿A qué igualdad se refieren quienes exigen cupos estudiantiles o créditos especiales para mujeres?. Estos movimientos colectivistas, a través de una victimización de la mujer, buscan privilegios para el sexo femenino. Por ejemplo, continuamente utilizan los estudios sobre participación laboral femenina en las diferentes profesiones para exigir beneficios y culpar a los hombres de las elecciones que toman las mujeres. Se estima que  menos de un 5% de los cargos directivos de las principales empresas son ocupados por mujeres. ¿Creen que la baja participación femenina se debe a que hay una conspiración de hombres que odian a las mujeres y no las dejan ocupar altos puestos? ¿Deberían los hombres ceder sus cargos a mujeres sólo por su género?. En alguna ocasión, una feminista mostraba una investigación sobre el número de enfermeras, que supera en gran medida la cantidad de enfermeros. Mi pregunta es la siguiente: ¿qué hay de malo en ser enfermera? ¿Acaso creen que los hombres han obligado a las mujeres a elegir esta profesión? Históricamente las mujeres han tenido habilidades para cuidar, y en eso nada de malo hay. La tiranía de estos movimientos feministas colectivistas no es sólo contra los hombres, a quienes les quitan oportunidades y derechos amparándose en que son mujeres y eliminando todo principio de igualdad ante la ley, es también una tiranía contra ellas. Pretenden saber qué tipo de vida deberían llevar y cómo deberían comportarse. Parece que creen que ser ama de casa, estudiar enfermería, o dedicarse a carreras típicamente femeninas, además de ser indigno, es culpa de lo que ellas llaman “patriarcado”. Tal pensamiento es tan ridículo como si a los hombres se les ocurriera culpar a las mujeres porque en oficios como la construcción ellos son una mayoría abrumadora. En cuanto a capacidades físicas, hombres y mujeres somos diferentes. Esto, en parte, ha hecho que históricamente los hombres se dediquen a trabajos más peligrosos y duros que los que comúnmente realizan las mujeres. Pero tal situación nada tiene que ver con la supuesta opresión de la que hablan algunas feministas. Y en lo referente a elecciones educativas y profesionales, resulta que los estudios muestran que también tenemos diferentes preferencias. Sin embargo, parece que algunas líderes feministas creen que todas las mujeres que han estudiado secretariados, enfermería o pedagogía, lo han hecho presionadas por una cultura machista.

James Bennett en su libro “The Politics of American Feminism”, basado en observaciones estadísticas, expone más de 20 razones por las cuales los hombres tienen rentas diferentes a las de las mujeres. Entre otras, encuentra que las ciencias duras y la tecnología son preferidas por los hombres, mientras que las mujeres estudian, en mayor proporción, carreras sociales. También expone evidencia de que los hombres aceptan trabajos más estresantes, en horarios más largos y con turnos diferentes. Además afirma que las mujeres y los hombres suelen tener motivaciones e incentivos diferentes; para muchas mujeres un objetivo fundamental en sus vidas es tener familia, aún si esto implica hacer pausas en su vida laboral. Como modo de un ejemplo ficticio: Hace poco un amigo me contaba, asombrado, que a su sobrina de cuatro años le encanta maquillarse y que no entendía la razón de tal gusto, pues a la niña nadie le había enseñado a hacerlo. ¿Tendríamos que culpar al “patriarcado” de que desde pequeñas nos guste tal actividad? Por supuesto que no. Y de la misma manera no se puede decir que las mujeres estudian carreras típicamente femeninas porque son oprimidas o porque la sociedad las condena a estos oficios. Lo que no entienden las feministas de género es que la igualdad es sólo ante la ley. Hombres y mujeres tenemos diferencias tanto en nuestras habilidades físicas como en nuestras preferencias académicas y laborales. Las mujeres son cuidadoras y protectoras por naturaleza, y eso no está mal. Al parecer, quienes les echan la culpa a los hombres de los pocos puestos directivos que ocupan las mujeres, nunca se han puesto a pensar que, en general, no somos tan arriesgadas como ellos, y que comúnmente tenemos otras preferencias académicas y familiares. Existen muchas mujeres para las que, en su función de felicidad, tener otro tipo de empleo y horarios más flexibles que les permitan compartir con sus hijos es más deseable que ser gerente de una empresa.

Según Liadh Crowley se puede llegar a esta conclusión, escrito por ella misma:

Los sistemas que nos inhiben para alcanzar nuestras metas o desarrollar nuestro potencial, diseñados para oprimir a las mujeres para que nunca podamos estar por encima del hombre. Esto es diferente a las demandas anteriores de los movimientos feministas, que deseaban que se abrieran caminos para que las mujeres los siguiesen si así lo deseaban. Queriendo igualdad de oportunidades en lugar de exigir igualdad de resultados.

La idea de que somos víctimas dentro de nuestra propia sociedad es degradante. No me siento como una víctima y no actúo como tal. Pero parece que el victimismo es una insignia colectiva que todas podemos llevar por el simple hecho de ser mujer, y para aquellas que impulsan este movimiento, la llevamos nos guste o no.

Nos despojan de nuestra responsabilidad personal. Sugieren que cada aspecto de nuestras vidas, incluso hasta nuestros propios pensamientos, son el resultado de una cultura construida por los hombres e impuesta a las mujeres. Con este acto, las mujeres son despojadas de su autonomía. Si, como mujer, intentas discutir o estás en desacuerdo con el movimiento, eres una víctima del «pensamiento masculino» que has heredado de nuestra sociedad patriarcal. No puedes ganar; eres una víctima del patriarcado, aceptes o no esa creencia.

El mundo es peligroso y la vida es muy difícil; deberíamos tratar de fortalecer a las mujeres jóvenes y hacerlas participantes resistentes en la vida.

El movimiento feminista moderno prefiere lamentar los males de la vida, en lugar de poder enfrentarse a ellos. La vida es difícil para ambos sexos de diferentes maneras, porque la vida es simplemente difícil. Cuando atribuimos dificultades triviales y francamente estúpidas al «sufrimiento de las mujeres» estamos pintando un cuadro ridículo del mundo. ¿Estamos felices de llamarnos víctimas debido a avances torpes, silbidos, palabras de enfado o por las presunciones anticuadas de un misógino? Hay maldad en el mundo, malevolencia real y esta es la realidad en la que debemos vivir, una realidad a la que este movimiento parece completamente distanciado.

Las feministas lucharon anteriormente para que las mujeres pudiesen tener la libertad de arriesgarse. Lucharon para que las mujeres tuviesen los mismos derechos y responsabilidades. Las mujeres no querían estar entre algodones, querían participar con igualdad en un mundo que sabían que era peligroso. Sabían que eran adversarias formidables y querían la oportunidad de enfrentarse al mundo y a todas sus complejidades. Ellas mantenían su libertad por encima de todo y estaban felices por arriesgar la seguridad para poder hacer uso de ella. Este movimiento moderno está haciendo retroceder esto, buscando que la sociedad vuelva a proteger a las mujeres del mundo. Le estamos quitando a las mujeres la oportunidad de ser valientes ante las penurias y la malevolencia.

Si la promoción del victimismo entre las mujeres continúa, podríamos estar enfrentándonos a algún tipo de distopía huxleyana.

Promover el victimismo entre las mujeres no le sirve de nada a nadie, ni a los hombres que injustamente demonizan ni a las mujeres que erróneamente fuerzan a una legitimación a la ineptitud. Tenemos la responsabilidad individual de resistirnos cuando se nos obliga a formar parte de un colectivo del que no formamos parte. No tengo ningún deseo de ser parte de ningún movimiento que promueva hacerle la vida más sencilla a nadie, porque no es realista. Hombres y mujeres por igual, en el mundo occidental en el que vivimos hoy, estamos disfrutando de algunos de los momentos más maravilloso de nuestra historia. La perspectiva relativa es una herramienta fantástica cuando se nos habla de nuestros propios problemas desde un movimiento, especialmente de uno de esos que nos alejan de la responsabilidad personal.

El principio en cuestión es que Murray Rothbard tuvo una visión consistente de la buena sociedad que mantuvo a lo largo de su larga carrera. Describió esta visión en una gran cantidad de libros y artículos, incluyendo Hombre, Economía y EstadoPoder y mercadoLa ética de la libertad y El igualitarismo como revuelta contra la naturaleza. Esa visión siempre fue la misma.

Algunas personas, incluso entre quienes conocieron y admiraron a Murray, no se dan cuenta de esto porque lo ven a través de una lente política. Señalan cambios en sus alianzas políticas, y lo ven como un cambio de la Vieja Derecha a la Izquierda y, finalmente, al Paleolibertarismo. Pierden el punto esencial. Por supuesto, Murray quería poner en práctica su visión. Pero para él la visión era primaria. Si te concentras en las tácticas políticas de Murray, extrañarás al verdadero Murray. ¿Qué fue esta visión? Como todos saben, Murray creía en un completo libre mercado. El Estado, que Nietzsche llamó “el más frío de todos los monstruos fríos”, era el enemigo. Para mantener una sociedad libre, las personas necesitaban tener ciertos valores. Murray era un tradicionalista que creía en la ley natural y en la familia. Deploró los asaltos a tradiciones como el movimiento feminista moderno. En asuntos culturales, Murray comenzó por la derecha y siempre permaneció allí. Aquí hay algunas muestras de lo que dijo: “En nuestro siglo, hemos sido inundados por un desborde de maldad, en forma de colectivismo, socialismo, igualitarismo y nihilismo. Siempre me ha quedado muy claro que tenemos una obligación moral imperiosa, por el bien de nosotros mismos, nuestros seres queridos, nuestra posteridad, nuestros amigos, nuestros vecinos, de luchar contra ese mal”. Para hacerlo, debemos mantener la sabiduría de la filosofía perenne: “En contraste con otras ciencias específicas o con la historia, puede haber poca innovación genuina en filosofía de una década, o incluso un siglo, a la siguiente. La filosofía se ocupa de los problemas eternos a través del discurso racional. Por otra parte, la filosofía genuina es solo un refinado sentido común, que ahora no tiene mayor oferta que en la antigua Grecia. Así que no hay nada nuevo que los filósofos puedan decir legítimamente”. No le interesaba el feminismo moderno: “En la raíz del movimiento de liberación de las mujeres está el resentimiento contra la existencia misma de las mujeres como una entidad distintiva”. Murray vio a las elites izquierdistas como enemigos de los valores que defendía: dijo que “Vivimos en un país estatista y en un mundo estatista dominado por una élite gobernante, que consiste en una coalición de Estado Grande, Grandes Empresas y varios grupos de intereses especiales influyentes. Más específicamente, la antigua América de libertad individual, propiedad privada y gobierno mínimo ha sido reemplazada por una coalición de políticos y burócratas aliados con, e incluso dominados por, poderosas élites corporativas y financieras del Viejo Dinero”. Como resumió, “El gran peligro es la élite, no las masas”. Durante la década de 1960, a Murray se le hizo evidente que el agente de la CIA Bill Buckley había rechazado a la derecha vieja, no intervencionista. Los “conservadores” en ese período, como el ex comunista Frank Meyer y el ex trotskista James Burnham, querían una guerra preventiva para aniquilar a la Unión Soviética. Para Murray, la lucha contra la guerra siempre fue el objetivo político principal. “La guerra es la salud del Estado”, en la famosa frase de Randolph Bourne, y la batalla contra el estado es una batalla contra la guerra. La izquierda durante los años 60 y 70 se opuso a la Guerra de Vietnam y la Guerra Fría en general. Debido a esto, formó una alianza política temporal con ellos. Un hecho siempre debe tenerse en cuenta sobre esta alianza. Estaba estrictamente confinado a la política exterior. Murray nunca cambió de opinión sobre los valores sociales conservadores o, por supuesto, el libre mercado. Cuando Murray vio cómo los valores de la izquierda se habían apoderado de gran parte del Partido Libertario, ayudó a iniciar la famosa “Paleoalianza”. Unió fuerzas con los tradicionalistas que también se oponían a la guerra. Al hacerlo, se mantuvo fiel a su visión consistente. En esa visión, nunca vaciló. Si quieres saber cómo sería en la práctica la visión de Rothbard aplicada a la América contemporánea, debes ver a Ron Paul. La carrera del Dr. Paul en el Congreso, marcada por su oposición a la guerra y la Reserva Federal, es el mejor ejemplo de los valores de libre mercado antielitistas que Murray apoyó. Los que están demasiado enamorados del “zigzag de la política” se pierden lo que es más real y vital en el trabajo de Murray Rothbard.

La actual deriva de los movimientos feministas de mayor relevancia, atiende más a los objetivos de la izquierda neomarxista, en pos de la destrucción de la sociedad capitalista, que a los intereses de las mujeres. Estos grupos se arrogan la representación de todas las mujeres, que difícilmente se reconocen representadas por la agresividad, ordinariez, orientación sexual y fealdad, convertido absurdamente en incono feminista, de la que presumen las dirigentes más radicales de estos grupos.

Serán las propias mujeres, mayoría silenciosa hoy, las que acaben poniendo coto a la deriva totalitaria de estos grupos de hembrunas, que se atreven a marcar incluso las pautas de comportamiento que el resto de mujeres deben seguir. Ya no se puede ser una mujer de verdad si no obedeces. Parece haberse llegado al absurdo de perseguir al hombre para finalmente querer ser como él en todo lo que tenemos los hombres de negativo. Todo lo que estos grupos sancionan al varón pretenden incorporarlo a sus formas, en el que grupos de mujeres pretenden ser machos y que los varones sean las hembras subyugadas que los liberales ayudaron a equiparar en derechos al hombre.

Muchos libertarios, e incluso liberales, resultan funcionales al neomarxismo del feminismo radical, unos por miedo a ser tachados de conservadores por las de los pechos garabateados y otros por desconocer lo que subyace en el feminismo radical, llamado de tercera ola. Su objetivo no es otro que la destrucción del capitalismo por la vía de la destrucción de la familia, en el que feministas como Firestone, Millet, Butler o la archiconocida Simone de Beauvoir, llegan a defender incluso el incesto o la pedofilia, como vía de destrucción de los cánones populares de relación sexual y familiar, tal y como apuntan Nicolás Márquez y Agustín Laje en “El libro negro de la nueva izquierda”, lectura que recomiendo para este verano.

Una destrucción de la familia que se articula por la vía de la equiparación de la mujer al proletario marxista, en el que la familia es el núcleo de producción y consumo fundamental que sostiene a la sociedad capitalista. Un núcleo de estabilidad, cuya destrucción conllevaría también la destrucción de la sociedad capitalista de libre mercado. Destrucción de la familia, que experimentó la Unión Soviética, con desastrosos resultados para su estructura socioeconómica y que Stalin trató de corregir con poco éxito.

Un feminismo contradictorio en el que un cartel publicitario mostrando una nalga femenina es atentatorio contra los derechos de la mujer, como sucedió en Ibiza con la campaña de nuevo restaurante de Ferrán Adriá, pero no lo es usar pechos dibujados, culos garabateados u orinar desnudas en la calle. Usar el mismo cuerpo desnudo de una mujer, es atentatorio o no contra los derechos de la mujer en función del criterio subjetivo de los despóticos intereses feministas, convenientemente financiados con dinero público. El uso de las tetas o la nalga es impuro si tiene destino comercial, más no si es para fin político. No se sanciona por tanto el uso del culo desnudo, se sanciona si es usado para lo que las socialistas consideran inadecuado. Algo tan bello como el cuerpo de la mujer no puede someterse a tanta restricción puritana, que en el caso del cuerpo hombre es inexistente. Relativismo puro para el culo.

El feminismo, ha sido y es, un movimiento que merece todo el respeto y apoyo, en los términos de lucha por la igualación de derechos entre seres humanos con independencia de su sexo. Algo que se ha conseguido en occidente, de ahí que el feminismo de tercera ola, pretenda ir un paso más allá. Ya no es suficiente ser iguales ante la ley, ahora hay que ser privilegiada por ley.

El reciente estudio publicado en The Economist titulado “Are women paid less tan men for the same work?” concluye que cuando se analizan trabajos del mismo nivel, en la misma compañía y misma función, las diferencias salariales son inexistentes. Esto es igualdad y no lo que pretenden las actuales hembrunas. La deriva radical del feminismo, como el de muchos grupos minoritarios organizados y violentos que siempre recurren a la coacción para imponerse, lo anticipó en 1922 Ludwig von Mises, en un párrafo memorable que casi 100 años después está de plena actualidad: “Mientras el movimiento feminista se limite a igualar los derechos jurídicos de la mujer con los del hombre, a darle seguridad sobre las posibilidades legales y económicas de desenvolver sus facultades y de manifestarlas mediante actos que corresponden a sus gustos, a sus deseos y a su situación financiera, sólo es una rama del gran movimiento liberal que encarna la idea de una evolución libre y tranquila. Si, al ir más allá de estas reivindicaciones, el movimiento feminista cree que debe combatir instituciones de la vida social con esperanza de remover, por este medio, ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano, entonces ya es hijo espiritual del socialismo. Porque es característica propia del socialismo buscar en las instituciones sociales las raíces de las condiciones dadas por la naturales, y por tanto sustraídas de la acción del hombre, y pretender, al reformarlas, reformar la naturaleza misma”. El feminismo de lucha por la igualación de derechos, el feminismo de primera ola, es el feminismo liberal, el resto es mera imposición del neomarxismo, que poco tiene que ver con los intereses de las mujeres. Es, en palabras de Mises, socialismo, buscar en las instituciones sociales condiciones que no ha dado la naturaleza y que implica la coacción para lograr por la imposición lo que la naturaleza o la voluntad de los demás no nos otorga. Las feministas radicales de hoy, en su lucha de clase sexual, mujer contra varón, olvidan que fueron hombres liberales los grandes impulsores del feminismo, como equiparación en derechos de los sexos. Si la obra fundacional del feminismo liberal fue la “Vindicación de los derechos de la mujer” de la inglesa Mary Wollstonecraft, quién recogiera el testigo de esta formidable mujer en Inglaterra fue el liberal John Stuart Mill en su obra “La sujeción de la mujer”, publicado en 1869. Mill fue mucho más allá, pues, como diputado de la Cámara de los Comunes, llevó esta demanda social por los derechos de la mujer a la política, proponiendo incluso cambiar la palabra “hombre” por “persona” al objeto de habilitar el voto femenino restringido sólo al varón. Un liberal del siglo XIX ya había pensado en el léxico mucho antes de que lo hicieran como menos inteligencia los/las socialistos/tas de hoy. Hay muchos más ejemplos, como el francés León Richier o la aprobación del voto femenino en 1918 en Estados Unidos gracias a un congreso republicano que no demócrata, y muchas malas interpretaciones también, como la desorientación general que lleva a valorar positivamente la revolución francesa, como un gran hito en los avances de los derechos de la mujer, por el simple hecho de representarla como a una mujer portando la bandera, cuando se produjo una tremenda restricción de los derechos de la mujer, hasta el punto de guillotinar a Olimpia de Gouges que buscaba equiparar jurídicamente a hombres y mujeres, excluirlas de la educación, por el mismísimo Rousseau o limitarles el derecho de reunión. Todo esto, que olvidan las hembrunas, fueron grandes avances sociales protagonizados por hombres, género hoy sometido a sospecha constante, para el que la presunción de inocencia desaparece, creando un estado de derecho totalitario en el que una mitad de la población no tiene los mismos derechos que la otra.

Uno de los temas más difíciles de tocar sin ser acusado de machista opresor heteropatriarcal, es la justificada diferencia de salarios entre hombres y mujeres. Se afirma que las mujeres ganan menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, porque son víctimas de discriminación, pero esto es falso. La diferencia se produce porque las mujeres eligen estudiar carreras peor remuneradas, trabajos y turnos menos peligrosos, horarios más flexibles, y principalmente por el hecho de quedar embarazadas y dedicar más tiempo que el hombre a la crianza de los hijos, lo cual afecta su experiencia laboral y capital humano, haciéndolas más improductivas y caras para el empleador.

La evidencia empírica demuestra que cuando se comparan trabajos equivalentes de hombres y mujeres con igual capital humano, la brecha salarial desaparece. Por lo tanto, el feminismo no debe luchar por imponer leyes de igualdad salarial, que sólo provocan mayor desempleo femenino relativo, sino por cambiar sus elecciones educativas y profesionales, y sobre todo por una mayor equidad con el hombre en la crianza de los hijos.

Cobrar, cobran igual todos por ley, de lo contrario se considera un delito, pero la diferencia de remuneración no compara el salario básico sino todos los demás componentes.  Todos estos elementos son lo que determinan una diferente remuneración entre hombres y mujeres. Las diferencias hoy, dependen mucho del país y región, en EEUU rondan el 23%, es decir que, en promedio la mujer gana un 77% menos que el hombre. Esto genera que los grupos feministas protesten y digan que la mujer es discriminada y que se necesitan leyes de igualdad, (Obama hizo campaña con esto para ganar votos de mujeres). Es correcto que la mujer gane menos, porque es menos productiva, y se debería poder pagarle menos que al hombre en el salario. Como la ley prohíbe esto en casi todos los países, se genera mayor desempleo relativo, es decir es una medida que perjudica a las mujeres. Por ende, es menos productiva, por las elecciones que hace (educativas, profesionales y familiares). De este modo,  la mujer EN PROMEDIO elige carreras peor remuneradas: (secretaria, enfermera, maestra, psicologa, etc) y el hombre carreras mejor remuneradas (ingeniería, arquitectura, construcción, transporte, mecánica, programación, etc). Además la mujer suele elegir horarios más flexibles, y cuando tiene hijos suele abandonar y retrasarse más profesionalmente, por eso EN PROMEDIO la mujer tiene menores ingresos. La demagogia de los políticos y de las feministas es que EN PROMEDIO la mujer gana menos que el hombre y dicen que eso es discriminación y se debe prohibir por ley. Cuando la mujer y el hombre tienen igual capital humano.

Ahora, no se castiga nada, se le paga menos porque es menos productiva, es decir NO realiza el mismo trabajo que el hombre. Lo que quieren las feministas es «igual salario, por diferente trabajo». Eso solo genera desempleo femenino. ganan lo mismo. Por ejemplo:  «una enfermera tiene que ganar igual q un enfermero» no, una enfermera tiene que ganar menos que un enfermero, y si forzás por ley a que ganen lo mismo, solo provocás mayor desempleo femenino.

Milton Friedman (que no es santo de mi devoción) destruye los argumentos de igualdad salarial brillantemente, diciendo que:

“Este reclamo es en realidad anti-feminista ya que perjudica a las mujeres, al quitarle competitividad y dejarlas desempleadas, e incluso favorece a los supuestos empleadores sexistas al reducir a cero su costo por discriminar”.

Pensar que no es así,  es tener un problema de comprensión, si la mujer y el hombre tienen el mismo capital humano, van a ganar lo mismo, en cualquier profesión. No ganan lo mismo porque justamente NO tienen el mismo capital humano. Si quieren obligar por ley a que ganen lo mismo y sólo perjudicas a las mujeres dejándolas desempleadas. Hay que ser bien “genio”, para hacer eso, precisamente eso provocan solo las buenas intenciones. (En el gráfico tenemos la diferente elección de ocupaciones de las mujeres en EEUU, la mujer gana en promedio un 23% menos en EEUU (mucho más en otros países) y ESTA BIEN que gane menos).

Ojo, que esto no es sólo una realidad teórica/económica, hay abundante evidencia empírica de que las leyes de igualdad salarial hombre mujer generan mayor desempleo femenino relativo, es decir PERJUDICAN A LA MUJER. Acá dejo algunos:

1) THE LABOR MARKET EFFECTS OF SEX AND RACE DISCRIMINATION LAWS
(David Neumark and Wendy A. Stock)

«Encontramos pruebas sólidas de que las leyes en contra de la discriminación salarial de sexo redujeron el empleo relativo de mujeres negras y mujeres blancas».

2) PROTECTING WOMEN AND PROMOTING EQUALITY IN THE LABOR MARKET: THEORY AND EVIDENCE
(Yana van der Meulen Rodgers)

«La conclusión general es que las políticas de protección salarial reducen el bienestar de las mujeres, por ejemplo, la legislación laboral en Taiwan que restringe el trabajo nocturno, y las horas extra de las mujeres condujo a una disminución significativa en el empleo femenino y las horas de trabajo reales».

3) LABOR MARKET INSTITUTIONS AND DEMOGRAPHIC EMPLOYMENT PATTERNS
(Giuseppe Bertola – Francine D. Blau – Lawrence M. Kahn)

«Los resultados sugieren que los países donde las instituciones que fijan los salarios sindicales ejercen una influencia más importante sobre la participación laboral, tienden a generar niveles relativamente bajos de empleo entre los jóvenes y los ancianos, y relativamente altas tasas de desempleo entre las mujeres»

4) GENDER UNEMPLOYMENT GAPS: EVIDENCE FROM THE NEW EU MEMBER STATES
(Alena Bicáková)

«Las políticas de licencia familiar generosas, en particular, en términos de la longitud de la máxima vacaciones pagadas, en la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Polonia y Estonia resultan en caídas sustanciales de la participación laboral de las mujeres durante el período de crianza de los hijos. Esto interrumpe la acumulación de capital humano en la carrera de las mujeres, reduciendo su empleabilidad».

 En IGUALDAD de condiciones ganan lo mismo, no hay que decirlo 20 veces, que no hay es igualdad de condiciones, las feministas comparan naranjas con manzanas y sacan un promedio. El problema es que esta lógica económica resulta contra-intuitiva y muy impopular, ya que es mucho más simpático poner cara de virgen violada como Emma Watson en la ONU y decir:

«Soy feminista porque considero correcto que se me pague igual que a mis colegas varones».

eguimos sin entender que aunque eso suene muy lindo, la economía no funciona por buenas intenciones, y lo único que logra con otras propuesta es condenar a muchas mujeres al desempleo. Al decir «se obliga por ley a pagarle lo mismo al hombre que a la mujer» y al mismo tiempo decir la mujer (a diferencia del hombre) tiene derecho a licencia de maternidad de 12 semanas, y más de un año sin posibilidad de despedirla, además puede renunciar y el empleador debe pagarle el 25%, y además tiene derecho durante un año, a 1 hora diaria para amamantar, y algunas empresas deben poner salas maternales (se habla de la normatividad argentina). Mientras que el hombre tiene derecho a 2 días de licencia. ¿Ves por qué hombre y mujer no hacen el mismo trabajo?, la mujer termina resultando más cara, y por eso se genera desempleo femenino.  Si las mujeres realmente cobraran un 25% menos que los hombres por realizar el MISMO trabajo, el gran negocio para los empresarios sería contratar sólo a mujeres, en poco tiempo pulverizarían a la competencia y se harían multimillonarios. Además, aunque una mujer tenga exactamente la misma capacidad que un hombre, resulta más improductiva, porque contratar a una mujer implica legalmente (en Argentina) todo esto:

1) Tiene 90 días de licencia obligatorios, puede optar por 45 y 45 o por 30 y 60 (Pagado por la Anses)

2) Durante 1 año posterior al parto, tiene derecho a 2 descansos de media hora para amamantar, o puede acordar entrar una hora despues o salir una hora antes.

3) La madre puede voluntariamente extender la licencia de 3 a 6 meses más, y no podrá ser despedida, pero ya no percibirá el pago de la Anses.

4) Durante un período de 7 meses y medio anteriores y posteriores al parto (1 año y 3 meses total) la mujer no puede ser despedida, o se presumirá que fue por su maternidad, en tal caso el empleador deberá pagar una indemnización agravada.

5) Si la mujer decide, al terminar su licencia, no reintegrarse y renunciar. Le corresponderá cobrar un 25% de indemnización por antigüedad.

6) Las empresas grandes, con determinado numero de empleadas mujeres, deben instalar salas maternales.

Mientras que contratar a un hombre (de igual capacidad) solo esto:

1) Por nacimiento de hijo, dos (2) días corridos.

Y acá dejo un excelente artículo escrito por una feminista, con datos y evidencia:

“Incluso los economistas feministas reconocen que las disparidades salariales de hoy en día son casi en su totalidad el resultado de diferentes decisiones, sobre lo que las mujeres estudian en la escuela, las carreras y empleos que eligen, y el tiempo que dedican a su familia. La afirmación de que las mujeres estadounidenses, como grupo, se enfrentan a la discriminación salarial sistémica es infundada”.

Proponer una estrategia comercial como la de Apple y Facebook de retener a sus empleadas (mujeres talentosas) no cambia el problema de fondo: 1) A igual capacidad hombre-mujer es más barato contratar al hombre, ya que no hay que pagarle para que retrase ningún embarazo. 2) Si se obliga por ley a pagarle igual al hombre y a la mujer, se aumenta el desempleo femenino relativo. Lo que se propone es castigar con esa “estrategia” la mayor productividad del hombre, emparejando hacia abajo, haciendo que sea igual de caro contratar a una mujer (que se embaraza, cría a los hijos, amamanta, hace menos horas extras, tiene más de un año de licencia, etc) que un hombre que no tiene esas desventajas. Resultado: menor productividad y mayor pobreza. Las buenas intenciones perjudican tanto a la mujer como al hombre, poniendo un ejemplo extremo sería:

Si quisieramos igualar el salario de una persona (A) que sólo trabaja 1 semana al año (menos productiva) con otra (B) que trabaja todo el año (más productiva), bastaría con ponerle un impuesto a la contratación de (B) para que resulte igual de caro para el empleador contratar a (A) que a (B). Si, lograste igualdad (artificialmente), pero ahora al empleador le da igual contratar a (A) que a (B), pero la productividad de esa empresa si contrata a (A) es mucho menor que contratando a (B), y si hay menor productividad, hay menor riqueza para todos.

No tiene nada de malo pagarle más a una persona que es más productiva que otra, es lógico. Lo que si comparto que está mal, es que la mujer cargue con mayor responsabilidad de crianza que el hombre, pero eso es algo que tiene que cambiar la mujer con sus elecciones familiares, educativas y profesionales, no se puede imponer por ley. Cuando la mujer tiene similar capital humano que el hombre, gana lo mismo, la brecha salarial por discriminación es un mito.  la misma o mayor capacidad si puede tener la mujer (de hecho se reciben más mujeres que hombres en la universidad), pero a igualdad de capacidad hombre-mujer, el embarazo y su mayor responsabilidad de crianza la termina haciendo menos productiva. Por eso las leyes de igualdad salarial hombre-mujer que están vigentes en casi todo el mundo, perjudican a las mujeres, aumentando su desempleo relativo. El feminismo debería luchar por eliminar esas leyes que las perjudican y también por una mayor responsabilidad del hombre en la crianza de los hijos.  Y no, claro, el malvado empresario contrata hombres en lugar de mujeres, (que supuestamente hacen el mismo trabajo que el hombre y ganan menos como dicen las feministas), porque son machistas y les gusta perder dinero. Por ello la gran mentiras de las “conquistas sociales” ya que las vacaciones obligatorias, por ejemplo, no las paga el empleador, las paga el trabajador y son perjudiciales para el.

En conclusión:

La brecha salarial no es discriminación de los empleadores, sino el resultado lógico de la menor productividad de la mujer fruto de sus elecciones educativas, profesionales y familiares. Si fuera el hombre quien quedara embarazado, cuidara a los niños y eligiera esas carreras, ganaría menos que la mujer. Nadie niega los estereotipos culturales, ni que a la mujer se la condicione socialmente a cumplir determinados roles, eso es lo que el feminismo tiene que tratar de modificar como digo en el posteo, pero tampoco nadie le pone una pistola en la cabeza a las mujeres para que tengan hijos, para que se ocupen más tiempo de la crianza que sus parejas, o para que estudien enfermería o psicología, en lugar de ingeniería o programación. Una mujer de igual capacidad que el hombre, gana menos porque NO realiza un trabajo equivalente, ya que el trabajo de la mujer tiene beneficios legales que no tiene el hombre, que implican potencial pérdida de dinero y tiempo para el empleador. Medidas como establecer una licencia de paternidad obligatoria igual de extensa que la de maternidad, es doblemente perjudicial, ya que la igualdad salarial no se lograría elevando el salario de la mujer, sino reduciendo el del hombre. Haciendo que el hogar donde nace el niño sea todavía mas pobre. No, cuando el capital humano es similar, la brecha salarial practicamente desaparece.

Mises habla del feminismo como una de las amenazas fuertes que durante el siglo XIX tiene el matrimonio: “Los ataques del movimiento feminista contra el matrimonio durante el siglo XIX eran mucho más graves. Se alegaba que el matrimonio obliga a la mujer a renunciar a su personalidad. Mientras que al hombre le concede amplio campo para el desarrollo de sus fuerzas, a la mujer le niega toda libertad. Ninguna reforma podría cambiar estas condiciones, y sólo suprimir el matrimonio traería un remedio a la situación”. Explica el pensador austríaco que las feministas se equivocan en creer que es la institución del matrimonio la que estorba el desenvolvimiento de la personalidad de la mujer. Y que lo que perjudica el desarrollo de sus fuerzas y de sus facultades no es el marido, ni los hijos, ni el hogar, sino el hecho de que “la función sexual exige mucho más del cuerpo de la mujer que del cuerpo del hombre. El embarazo y la lactancia, gastan los mejores años de la mujer, años durante los cuales el hombre puede concentrar sus energías en tareas muy grandes”. Concluyendo que: “si el movimiento feminista cree que debe combatir instituciones de la vida social con la esperanza de remover, por este medio, ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano, entonces es ya un hijo espiritual del socialismo”. También habló el autor de la diferencias naturales entre hombre y mujeres que causan resultados dispares y que para algunas “libertarias feministas” no son consecuencia de cuestiones naturales sino de la educación y de las ideas predominantes en la sociedad:

“Pero no pueden cambiarse mediante decreto las diferencias de carácter y destino de los sexos, como tampoco las otras diferencias entre los seres humanos. Para que la mujer pueda igualar al hombre en acción e influencia le faltan muchas cosas que las leyes jamás podrán darle. El matrimonio no priva a la mujer de su libertad interior, pero ese rasgo de su carácter hace que tenga necesidad de entregarse a un hombre y que el amor a su marido y a sus hijos consuma lo mejor de sus energías. Con suprimir el matrimonio no se haría ni más libre ni más feliz a la mujer; se le privaría simplemente de lo que en su vida es substancial, sin darle nada en cambio”.


PATRIARCADO

Uno de los mandamientos principales y más laudables del feminismo progresista es el que exige no revictimizar. Este estandarte no solamente tiene sentido en sí mismo, sino que surge de una necesidad muy concreta: parte fundamental de la lucha contra el patriarcado consiste en combatir la invisibilización del sufrimiento y la normalización de la represión de las mujeres; a las víctimas se les debe tomar en serio. Muchos activistas del Movimiento por los Derechos del Hombre (MDH) reviran que esto mismo es lo que se les está negando a los hombres, citando instancias como el fraude de paternidad o la deshechabilidad masculina. La réplica de algunos feminismos revira que estos problemas de “represión masculina” son minoritarios y surgen por una predisposición social hacia ciertos roles que en su mayoría son perjudiciales a las mujeres. El resultado siniestro es que bajo este esquema de argumentación, la validación del sufrimiento de un género a menudo recurre a la vilificación del otro, revictimizando así a las víctimas del lado opositor.

El debate binario en el cuál uno de los géneros mayoritarios amerita más o menos consideración no solo invisibiliza sufrimientos, sino que desaparece a ciertas personas por completo. Este es el caso de las comunidades transgénero, transsexual (a quienes he dedicado un artículo separado, concretamente sobre su exclusión como producto del debate binario de género, llevándonos a fallarle a la comunidad trans como sociedad) e intersexual. Hay pocas invisibilizaciones más impactantes que la de las personas en estado intersexual, las cuales conforman el uno por ciento de la población humana según la OMS. Estas son 73 millones de personas a nivel mundial que biológicamente no se conforman a nuestro binarismo de género y que prácticamente no vemos representadas en los medios, ni en la política ni en las artes. Según los pocos censos llevados a cabo al respecto, muchas personas intersexuales se someten a cirugías invasivas para “componerse”, varias acaban en la pobreza, otras más recurren en desesperación al suicidio en tasas muy elevadas. El binarismo mata.

La binarización mujer/hombre existe porque ha tenido sus usos a lo largo del tiempo. Desde la prehistoria se utilizaba para la división de labores, lo cual después fue utilizada para definir roles sociales. La misión de racionalizar al mundo natural y social, que conllevaron las revoluciones científicas e industriales, lo redujo todo a simples subcategorías elementales basadas en razonamientos fuertemente influidos por sesgos específicos a su momento histórico, creando abominaciones como la eugenesia. Luego, el imperialismo europeo ayudó a diseminar estas creencias pseudocientíficas al mundo, desde la pirámide socioracial de castas en Latinoamérica hasta la criminalización del “tercer género” —jisras— en la India.

Los progresistas de hoy en día, a pesar de sus mejores intenciones, tampoco son mucho mejores. Actualmente, el binarismo de géneros se utiliza para subcategorizar nítidamente varios síntomas de represión social, pero esta nitidez paga el precio de ignorar complejidades sistémicas y, por lo tanto, excluye soluciones integrales. El basar soluciones en el binarismo genera contradicciones y conflictos: ¿qué tanto excluye a la comunidad homoparental la prohibición del “alquiler de úteros”? ¿cómo conciliar espacios exclusivos o seguros para mujeres con el espectro de género que incluye a personas trans? ¿se deben evacuar a mujeres y niños antes que a hombres de una zona de guerra, aunque sea mucho más probable que estos últimos sean sumariamente ejecutados que los primeros? Las respuestas a estas preguntas vistas desde posturas binarias y polarizadas tienden a volverse una competencia de quién sufre más o de quién carga con más culpa en vez de buscar soluciones diferentes que atiendan los problemas de raíz. Es esta complejidad la que hace tan difícil vencer al patriarcado.

Poder genérico
Propondría, al menos en este espacio, deconstruir el concepto del “patriarcado”, no solo evitando binarizarlo entre mujeres y hombres, sino también sin subdividirlo en quién o quiénes lo perpetúan o lo sufren, para mejor entender su naturaleza sistémicamente represiva. Aquí el punto no es minimizar o enaltecer a algunos contra otros, sino subrayar la naturaleza fractal del patriarcado: si nos acercamos a un caso o a un conjunto de casos para aumentar nuestro entendimiento del fenómeno, lo único que aumenta son la cantidad de matices que el enfoque más fino descubre. Lo que sí se vuelve más evidente es que la represión sistemática del patriarcado se ve depositada, no en individuos, sino en desbalances de poder en sistemas sociales complejos con síntomas tan complicados e integrados a nuestro tejido social que se vuelve extremadamente difícil saber por dónde empezar a desenredar el problema.

Los males del patriarcado parecen conectarse y fortalecerse alrededor de desbalances de poder. Entonces, ¿podría ser que el sistema patriarcal —con todos las perversiones que de ahí emanan— sea en sí solo otro síntoma proveniente de otro sistema de poder? Los marxistas ya tienen un término para este fenómeno, le llaman superestructura; el sistema que subyace toda realidad social y que determina toda interacción humana. Para ellos, la superestructura es el sistema económico capitalista y el sexismo, el racismo, el elitismo, el clasismo y literalmente cualquier otro fenómeno social son solamente síntomas del capitalismo. Por lo tanto, la única receta para todos esos problemas es la receta marxista de revolución, dictadura del proletariado, socialismo y, finalmente, comunismo.

A mí me falta esa seguridad absoluta. Además, como se enteró, por ahí de 1920 Lenin en su Rusia revolucionaria, describir y prescribir una receta es mucho más fácil que aplicársela al paciente. Las complejidades de la realidad social evaden respuestas fáciles. En el caso de las sociedades comunistas, la realidad social cambió con el cambio de políticas, pero la nueva realidad simplemente arrojó nuevos problemas con los cuales había que contender sin haber arreglado ningún problema de fondo.

Igualmente, el problema del patriarcado es muchísimo más complejo y profundo de lo que los binaristas dan crédito y, en consecuencia, las respuestas que se han aplicado para combatirlo no han abordado ni sus problemas fundamentales ni arreglado muchos de sus síntomas cotidianos —sexismo, violencia de género y demás. Temo que una descripción definitiva de la naturaleza del sistema patriarcal es, si no imposible, el producto de una investigación mucho más sería que ésta, pero, ¿se podría volcar esta misma complejidad sobre sí misma para empezar a combatir los males del patriarcado de manera más efectiva? Tal vez podríamos explorar esta pregunta con un ejemplo concreto: la brecha salarial entre hombres y mujeres. (Sin embargo, subrayaría que dada la misma naturaleza fractal y sistémica patriarcal que se presenta aquí, ninguna descripción de cualquier síntoma del patriarcado —por más detallada que sea— podrá describirlo de manera satisfactoriamente integral. Este ejercicio se trata más bien de una excursión muy limitada, pero ojalá ilustrativa, de la complejidad de este sistema; no una descripción exhaustiva).

En México, los hombres profesionistas tienden a ganar 12% más que sus contrapartes femeninas.
Inicialmente, las políticas públicas aplicadas para solucionar este problema han buscando criminalizar la práctica de pagarle menos a las mujeres que a los hombres por hacer el mismo trabajo. Pero, esto no parece haber eliminado la brecha. Y no solo en México, en donde escasea el Estado de derecho, sino que en el resto del mundo también. Acercándonos a las cifras desglosadas se empiezan a entender los matices. Sorprendentemente, se observó en el Reino Unido que las mujeres entre 22 y 29 años ganaban más en promedio que sus contrapartes masculinos. Claramente es improbable que a los treinta años el Club de Toby británico se active y decida ignorar a las mujeres, así que la pregunta es ¿qué está pasando a nivel sistémico en este caso?

En un principio la equidad salarial (hasta los 29 años) se consiguió en el Reino Unido proporcionándole las mismas oportunidades a las niñas y mujeres que a los varones. Para el siglo XVIII las niñas se escolarizaba como a los niños, desde 1869 las mujeres comenzaron a entrar a las universidades y la ley contra la discriminación salarial entró en vigor en 1970. Cada acción conllevó un avance de la mujer en áreas de actividad tradicionalmente masculinas. El resultado fue que entre 1970 y 2016 la brecha salarial se redujo desde un 50% (el más alto en su momento del mundo industrializado) a un 16.8%. Estas cifras brutas indican que a pesar del progreso, todavía hay una brecha sustancial. Sin embrago, una vez desglosados estos números —tomando en cuenta la empresa, la función y posición— la diferencia se reduce a un 0.8%.

Lo que arrojan estos datos no es que a las mujeres no se les está pagando menos por hacer lo mismo, sino que hay menos mujeres en empleos bien pagados y en posiciones altas —salarios y funciones que tienden a ocurrir en los periodos subsecuentes de la vida laboral, o sea, después de los treinta. Entonces, ¿qué es lo que tiende a ocurrir cuando una mujer llega a los treinta años? La respuesta es: las familias tienden a tener hijos y las mujeres deben cargar con el embarazo y la mayor parte del cuidado posnatal. Acto seguido, una enorme brecha se abre entre hombres y mujeres en el terreno laboral.

La respuesta habitual por parte de Estados progresistas ha sido una de empoderamiento femenino por medio de leyes que prohíben la discriminación contra mujeres embarazadas y facilitando su regreso a la misma posición. Pero, al regresar, una mujer que fue a cuidar a un bebé recién nacido —a veces con generosas prestaciones de maternidad (no disponibles para personas trans en el Reino Unido, por cierto)— se encuentra con que sus compañeros varones han avanzado en el ámbito laboral. Más siniestramente aun, muchos de estos generosos derechos maternales pueden perpetuar la lógica discriminatoria (pero a veces inconsciente) por parte de varios patrones que detectan que, al llegar a los treinta, hay “cierto tipo de persona” que tiende a abandonar la empresa durante un largo periodo de manera perfectamente legal. Aquí la respuesta no es quitarle a las mujeres este justo periodo de maternidad, ni implementar una regla aún más draconiana para prevenir la discriminación, sino obligar a la otro lado de la ecuación de embarazo (usualmente un hombre, pero no siempre) a tomar cartas en el asunto.

La indagación de la masculinidad en esferas tradicionalmente femeninas es un territorio poco explorado. La excepción son los estudios que indican que, aún al haber entrado a la esfera tradicionalmente masculina, las mujeres profesionales siguen cargando con la mayoría de la carga de trabajo doméstico. Pero, en el caso de la paternidad, los problemas siguen siendo estructurales. Muchas sociedades dan mucho menos tiempo legalmente a los hombres para ir a cuidar a sus recién nacidos que a las mujeres. Peor aún, aunque sí esté disponible la ausencia laboral por paternidad, muchos hombres no la toman, ya que la práctica de que el hombre abandone su puesto para atender labores tradicionalmente femeninas es mal vista en muchas culturas empresariales y locales.

Algunos países han encontrado fórmulas que ayudan a sobrevenir este problema. En Suecia, la ausencia posnatal pagada se divide en tres partes: tres meses exclusivamente para la mamá, tres meses exclusivamente para el padre y tres meses distribuibles entre los dos. El cálculo cambia de inmediato. La familia debe reconsiderar el rol del hombre en casa o perder tres meses irremplazables de cuidado posnatal. La aplicación de esta suerte de “empoderamiento masculino” incentiva a los hombres a entrar a espacios tradicionalmente femeninos y también cambia el cálculo en las empresas. De repente se vuelve mucho menos claro cuáles individuos estarán abandonando su puesto al llegar a la edad de reproducción estándar. Incluyendo abiertamente a familias homoparentales y trans a la ecuación, veríamos como la complejidad estructural que dificultaba antes la eliminación del fenómeno de la brecha de género, de repente se convierte en ventaja.

Por supuesto que los países en los que se aplican estas políticas de cuidado posnatal de manera holística son los que menos brecha de género laboral tienen en el mundo, pero ésta persiste. Presumiblemente debido a que una mujer inevitablemente debe cargar con el bebé durante el embarazo y podría optar dejar su puesto con antelación en las fases finales de gestación. ¿Aceptaría la sociedad darle más tiempo exclusivo de paternidad pagada a los hombres una vez nacido el bebé para reajustar esta diferencia? ¿Cómo tomar en cuenta las necesidades de parejas homoparentales o trans en esta ecuación? Estas son las preguntas de políticas públicas que se deben estar haciendo para enfrentar los aspectos sistémicos y nocivos del patriarcado.

Les patriarcades
La visión de la experiencia social del patriarcado presentada aquí es rara. Acepta la visión progresista de que la identidad, con los privilegios y dificultades que conlleva, es una experiencia personal incuestionable —¿quién puede negar cómo se siente alguien frente a una afrenta como el sexismo, el racismo, el clasismo o el elitismo? El dilema ocurre al enfrentar diversas identidades; cuando las experiencias de una persona o grupo entran en conflicto con las de otro. Normalmente, el progresismo contemporáneo se alía con la experiencia del individuo de menos poder —le creemos a las víctimas—, una lógica que solo tiene sentido en mundo binario de víctimas y victimarios claramente segregados. Sin embargo, nuestro mundo es uno de victimizaciones y privilegios interseccionales y cambiantes, a veces obvios y otras ocultos, por lo que este análisis sistémico se ha dedicado bastante a señalar los matices, los vacíos y las complejidades en nuestro entendimiento del patriarcado.

  1. Suicidios: Los hombres se suicidan el triple que las mujeres. Por ejemplo en 2014 se suicidaron 2938 hombres y 972 mujeres. Pueden comprobarlo en el INE seleccionando los parámetros correspondientes  (INE)
  2. Tumores: Los hombres mueren más por tumores: 67723 hombres por 43658 mujeres (INE 2015)
  3. Desempleo: Es tres puntos superior en mujeres (EPA 2016)
  4. Personas sin hogar: El 75,5% de las personas sin hogar son hombres (INE 2012)
  5. Esperanza de vida: Es 5,5 puntos mayor en la mujer (la diferencia se ha ido reduciendo en las dos últimas décadas) (INE 2016)
  6. Accidentes laborales mortales: El 94% lo padecen hombres (Ministerio de Empleo 2015. Pág. 11). En accidentes no mortales también hay una mayoría de hombres.
  7. Ocupación laboral: Hay una mayoría de mujeres en trabajos considerados cómodos, como trabajos asociados a carreras universitarias o personal administrativo. En trabajos considerados no cómodos, sólo hay mayoría de mujeres en personal de limpieza y servicios personales  

Si ojeamos las profesiones de alto funcionariado o de la más alta cualificación:

  • Las mujeres representan ya el 62,5 % de los miembros de la Carrera Judicial de menos de 51 años (CGPJ 2015)
  • El 54,5% de la nueva promoción de notarios son mujeres (El Jurista 2016)
  • El 80% de los nuevos registradores de propiedad son mujeres (El Economista 2017)

8. Brecha salarial:

No existen cálculos sobre salarios comparando sexos con el mismo puesto de trabajo, las mismas horas, las mismas funciones y condiciones, o la misma antigüedad. Por tanto, cuando dicen que la mujer cobra un 34% menos que el hombre por el mismo puesto, sencillamente se inventan el dato. En cuanto a la media total de salarios por sectores:

  • En restauración y comercio la mujer, en total, cobra un 3% menos.
  • En trabajadores de oficina la mujer cobra un 1% más.
  • En directores y gerentes cobra un 23% menos.

(El Objetivo. INE 2014)

Por tanto, sólo existe brecha salarial en puestos de directores y gerentes, el llamado techo de cristal. Pero lo que no tiene en cuenta el feminismo actual, es que la desigualdad salarial entre ricos y pobres es la fuente de toda desigualdad, por tanto de lo que se trata es de reducirla, no de aumentarla incluyendo a más mujeres. Hacer lo segundo supondría que todos, hombres y mujeres, seamos un poco más pobres.

9. Custodia de los hijos: Aunque se ha reducido en los últimos años la custodia sigue entregándose en un 69,9% de las veces a la madre.

10. Violencia doméstica:

Más de 600 estudios sociológicos demuestran que la violencia en pareja es bidireccional

E incluso hay más estudios que indican que la mujer inicia primero las agresiones físicas, y de forma no recíproca, que el hombre:

  • 77 estudiosregistran mayores niveles de perpetración de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas por las mujeres;
  • 18 estudiosregistran mayores niveles de perpetración de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas por los hombres; y
  • 12 estudiosregistran niveles similares de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas para ambos sexos.

En cuanto a asesinatos:

Es difícil encontrar datos porque, al menos desde el 2009, se manipulan o silencian los asesinatos cometidos por mujeres (Ver Aclaración).

  • Aproximadamente el 65% de los asesinatos a menores en el ámbito doméstico son cometidos por sus madres o cuidadoras. Este dato está completamente silenciado por el OVDyG del CGPJ.

Datos de menores asesinados, del 2013, 2014 y 2015:

En el 2013 fueron 28: 6 a manos de hombres (el 21,4%), y al menos 22 a manos de mujeres (el 78,6%)

En el 2014 fueron 21: 4 a manos de hombres (19%), y al menos 17 a manos de mujeres (el81%)

En el 2015 hasta la fecha son 17: 3 a manos de hombres (el 17,6%), y al menos 14 a manos de mujeres (el 82,4%)

Como se demuestra en este artículo, el CGPJ manipula ( o directamente omite) los datos concernientes a los hombres asesinados por sus parejas o exparejas mujeres. Según los cálculos del autor, recurriendo a recortes de prensa local, entre el año 2010 y 2015 fueron asesinados una media de 15 hombres al año. Pero hay que tener en cuenta que esta cifra es seguramente menor a la real, pues el autor no ha podido tener acceso a toda la prensa local española. (Medium)

11. Seguridad física: Los hombres tienen más posibilidades de sufrir robos con violencia, lesiones, intentos de homicidio y homicidios consumados. Mientras que la mujer tiene mayor riesgo de sufrir agresiones sexuales y violaciones.

12. Otros datos: Aconsejo visitar el documento de Google sobre el Día Internacional del Hombre para seguir conociendo como sistemáticamente se silencian los sufrimientos del hombre.

  • Los hombres son el 80% de los consumidores de drogas duras.
  • La mayoría de trabajos peligrosos son realizados casi en exclusiva por hombres.
  • La mayoría de muertes en el puesto de trabajo son padecidas por hombres.
  • La mayoría de víctimas en delitos mortales son varones.
  • El suicidio es la primera causa externa de defunción en los varones.
  • El 80% de los sin techo son varones, siendo este un colectivo que vive menos y peor.
  • En algunos países la cadena perpetua o la pena de muerte es exclusiva para los hombres.
  • La mayoría de víctimas civiles y de víctimas militares en conflictos bélicos son hombres.

(Día Internacional del Hombre)

Como es sabido, el Derecho ha sufrido en España importantes golpes que afectan en exclusiva al varón, por ejemplo: la inversión de la carga de la prueba o la restauración del derecho penal de autor.

Por otra parte las nuevas leyes que pretenden reducir la violencia, no contemplan al varón como víctima sino siempre como agresor; pese a que, como hemos visto, también pueden ser víctimas.

Para no extenderme más pueden consultar los artículos relacionados en las etiquetas, en los que trato de forma más pormenorizada los diversos temas que conciernen a las diferencias entre el hombre y la mujer, y la constante distorsión de la realidad por parte de las instituciones, los medios y los colectivos interesados.

Les animo a que sigan investigando, contrasten por ustedes mismos, abran los ojos y detecten sus prejuicios.

  • El 58% de los licenciados universitarios en España son mujeres, un 47% obtiene un doctorado (aquí)
  • Padres en huelga de hambre para poder ver a sus hijos (aquí)
  • Ejemplos de lo que un varón, por el mero hecho de ser varón, puede encontrarse en un juzgado hoy día:

Absuelta de matar a su marido por “miedo insuperable”. No había pruebas objetivas de que hubiera sido maltratada, ni había denuncia previa. No es un caso aislado. ¿Se imaginan la que se liaría si ocurriera al revés y los hombres fueran absueltos? Leer aquí.

Asesta 20 puñaladas a su marido maniatado y la condenan por “imprudencia”

La sentencia condena a la mujer a cinco años de prisión por un «delito de lesiones dolosas que producen inutilidad de miembro principal», y un año por «homicidio causado por imprudencia grave”.

En el transcurso del proceso, se presentaron las pruebas  que resultaronevidentes por el propio testimonio de la condenada, pero el jurado entendió que Rosa María Turmo no quería matar a su marido, Antonio Ibarz. Como suele ocurrir en la práctica totalidad de los casos donde son mujeres las que dan muerte a sus maridos, inmediatamente se reconoce la eximente de la alteración psíquica e incluso consideraprocedente que se solicite el indulto.  Ni siquiera se ha tenido en cuenta que los hijos de la mujer han dejado por escrito durante el juicio que tienen miedo a su madre. Han manifestado que temen que su madre pudiera causarles daño a ellos o a sus familias.

Leer aquí.

Atención, que no es una broma: Condenado a un mes de multa por tirarse un pedo delante de su mujer. Leer en El diario de Tenerife

  • Perverso artículo de Ana María Pérez del Campo, vocal del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género. Para esta mujer no existen los asesinatos a menores cometidos por sus madres o cuidadoras, sólo existen si el asesino es un varón. (Este año los menores asesinados por sus padres han sido 8, y los menores asesinados por sus madres han sido 14).

Leer aquí.

  • Escena del documental La Píldora Roja, la evidencia de que nos manipulan haciendo pasar a la mujer siempre por víctima, y al hombre siempre por agresor, es abrumadora (ver aquí)

CONCLUSIÓN

El feminismo, al igual que el Patriarcado, son seres inexistentes e inútiles, que no hacen nada mas que ser un gran en el culo de la inteligencia.

Bibliografias:

http://www.actuall.com/criterios/familia/veintinueve-hombres-asesinados-por-mujeres-nadie-hablara-de-nosotros-cuando-hayamos-muerto/

http://www.elmundo.es/sociedad/2015/11/09/563f887f46163f3c2a8b464a.html

http://www.american.com:8080/archive/2010/april/the-equal-pay-day-reality-check/

http://siteresources.worldbank.org/INTG…/Resources/wp6.pdf

http://www.cerge-ei.cz/pdf/wp/Wp410.pdf

https://www.theguardian.com/money/2015/aug/29/women-in-20s-earn-more-men-same-age-study-finds

Publicado por Cristian Wusinowski

¿Socialismo?, no, prefiero seguir viviendo

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